viernes, 20 de febrero de 2009

LA FUENTE EN INVIERNO

La observación de la fuente que tengo en la terraza,mi acercamiento a ese metal frío y cubierto de óxido me ha vuelto recordar que seguimos bajo las garras del invierno, que este sol que se deja caer es sólo una casualidad que buscará ausentarse en cuanto pueda.
Hoy he decidido cambiar la orientación del blog,o más que cambiar alargar su perspectiva. No ha sido difícil, tan solo he dimensionado el concepto para el que fue parido. Y hay algo a lo que quiero dedicarlo, a los instantes,un tiempo ajeno a ese que vamos valorando como un continuum, el irreversible el que al parecer nos hace. Pero yo no estoy en nada de acuerdo, creo que siempre discrepé de esta concepción y a medida que ese tiempo va apareciendo en piel, tomo cada vez más conciencia de la existencia del otro.Un tiempo ajeno a toda linealidad, caótico, que fluye libre y se apodera a zarpazos de nuestra mente. Desconocemos su funcionamiento pero sabemos que de ellos porque se enroscan en nuestra razón y nos ofrecen los frutos más deliciosos. Superan en nuestra conciencia al tiempo normativo y se graban como cultivos dentro de nosotros, dando, en muchos casos sentido a nuestra identidad. Dentro de nosotros cada uno de esos instantes encierra un mundo autosuficiente y hasta pueden permitirse el lujo de ir transformándose.

Una piel roja asoma por la fuente,

hasta el hierro padece en invierno.

Ya va quedando menos, para que

un chorro de luz inunde de música mi casa.

Y entonces, cuando el agua suceda a este silencio

vendrán las margaritas, los lirioslos, los gladiolos

y una hortensia amarilla

que se instala y echa aquí sus vacaciones.

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